Así vemos todos los días en la televisión que el “tornillito” entra fácilmente en el lecho alveolar y que la sonrisa desafeada sólo la separan de tu boca el importe que aparece debajo de la palabra presupuesto. Que por supuesto es financiable.
Lo que no cuenta la televisión es que el tornillito entra en un hueso que está totalmente inervado y vascularizado y que forma parte de nuestro organismo, dejándonos por lo tanto completamente expuestos al dolor y la infección.
La osteointegración es el proceso estrella del tratamiento de implantes dentales, sin ésta, el tornillo se cae del hueso porque no se agarra a él y por supuesto no podemos utilizarlo para el objetivo final: comer. Así que si ya sea por una enfermedad como periodontitis… gingivitis… o por un rechazo del cuerpo, si no se produce la osteointegración tanto nuestro sufrimiento como nuestro dinero se desvanecerán.
La higiene en tratamientos de implantes se convierte en una necesidad prioritaria, así como el no ser fumador. La sujeción del implante al hueso alveolar es delicada y el sarro provocando la inflamación de las encías o el tabaco con su vasoconstricción del periodonto son agentes demasiados devastadores para esta unión.
A grosso modo podemos concluir que el tratamiento de implantes dentales es un proceso arduo y difícil y con un postoperatorio complicado, por otra parte hay que recordarle al paciente que cuando todo acabe, y el tornillo forme parte de nuestro hueso será lo más parecido a tener dientes de nuevo.
Es un tratamiento caro a nivel monetario y del sufrimiento del paciente pero inmejorable a nivel de estética y funcionalidad.
