Los tatuajes han sido utilizados por nuestros antepasados como símbolos de status social, símbolos religiosos, muestras de valentía y señal de fertilidad. En la actualidad se han convertido más bien en un elemento decorativo.
Si estás pensando hacerte uno, lo mejor es que no te lo tomes a la ligera, que mires, consultes, leas y entiendas los riesgos que supone hacerse un tatuaje.
Un tatuaje se hace con una máquina que, con una o más agujas, va rompiendo la capa superior de la piel (epidermis). Con cada pinchazo, se inyectan pequeñísimas gotas de tinta. Normalmente se realiza sin ningún tipo de anestesia.
Siempre que perforamos nuestra piel y sangramos, estamos expuestos a multitud de riesgos, como por ejemplo:
- Reacciones alérgicas
- Infección de piel
- Enfermedades transmitidas por la sangre
Afortunadamente el mundo de los tatuajes ha avanzado mucho y en la gran mayoría de los casos no ocurre nada ya que se utilizan instrumentos esterilizados en clínicas controladas por la sanidad.
A la hora de elegir un profesional para que nos haga un tatuaje deberíamos visitar unos cuantos sitios antes de decidirnos. Escoger a alguien del que tengamos buenas referencias, que use guantes mientras trabaja y por supuesto un equipo adecuado y esterilizado.
Cuando ya nos hemos armado de valor y nos hemos hecho el tatuaje, debemos seguir al pie de la letra las recomendaciones que nos habrá dado el profesional que nos hizo el tatuaje, como por ejemplo:
- Quitar el vendaje pasadas 24h.
- Aplicar crema antibiótica mientras está cicatrizando la piel
- Utilizar crema hidratante
- Evitar la exposición al sol durante un par de semanas posteriores
- No te quites ninguna costra/postilla ya que aparte de poder fastidiar el dibujo, es riesgo de infección
