Todo lo que necesitas saber sobre los huevos. Parte II

En el artículo anterior pudisteis aprender sobre las partes que componen al huevo, sus principales nutrientes y la trazabilidad.

En esta ocasión, queridos lectores de a pie, trataremos el tema del huevo y el colesterol  que tanto os suele preocupar.

El huevo contiene  426 mg de colesterol por cada 100gr de porción comestible (teniendo en cuenta que un huevo mediano pesa unos 60gr con cáscara)

Este dato provocó en los años sesenta una gran disminución de ingesta de huevos, ya que algunos estudios relacionaban la ingesta de colesterol en la dieta con niveles altos de colesterol plasmático y con la prevalencia de  enfermedades cardiovasculares. 

¿Quién no ha “sufrido” el tienes el colesterol alto no debes comer huevos, o el dos huevos máximo por semana que si no te subirá el colesterol?

Seguro que la mayoría lo tenemos grabado de nuestra infancia, e incluso si sois padres se lo habréis dicho a vuestros hijos.

Fue una época en la que el huevo era el alimento “maligno” por excelencia, y hoy en dia aun hay gente que lo piensa. Es uno de esos mitos que pasan de generación en generación.

 Años más tarde se comprobó que una reducción del colesterol de la dieta no producía una reducción importante de los niveles plasmáticos de colesterol, ni menor incidencia en las enfermedades cardiovasculares.

Entonces, ¿qué opción debemos creer?

Para ello, durante años se han realizado amplios estudios de población, entre ellos el de Hu y cols. en 1999; en el cual se realizó en 177.000 personas de ambos sexos en EEUU; y se concluyó que no había correlación entre el consumo de huevo y la incidencia de enfermedades cardiovasculares.

Otro estudio fue el de McNamara y cols. en el año 2000. Para el cual realizaron una revisión de 166 estudios sobre ingesta de colesterol y el aumento en los niveles plasmáticos. Su conclusión fue que un aumento de 100 mg/día en la dieta produce un cambio de 2’2 mg/100ml en la concentración plasmática del colesterol. Una cifra no muy significativa.

Colesterol  en la alimentación:

Como bien sabéis el colesterol se encuentra en alimentos grasos de origen animal asociados a grasas saturadas, como las vísceras, embutidos, huevos, marisco…

Pero, ¿sabíais que el efecto del colesterol sobre los valores plasmáticos es menos importante que el que desarrollan los ácidos grasos saturados? Por ello, tanto en la prevención como en el tratamiento dietoterápico de las dislipemias (alteración de los niveles de lípidos en sangre) se debe priorizar la reducción de la grasa saturada en la dieta ante la del colesterol ingerido.

Ingerir alimentos ricos en fibra y esteroles vegetales ayuda a que se absorba una menor cantidad de colesterol, ya que compiten con su absorción.

 ¿Con que conclusión nos quedamos?

Como bien venimos diciendo a menudo, lo ideal para estar sano es llevar una alimentación variada y equilibrada, donde por supuesto está presente el huevo en sus cocciones menos calóricas.

Pero si el mal ya está hecho y ya se tiene los niveles de colesterol altos, como dietista-nutricionista, os diré que hay que encontrar el equilibrio entre todos los alimentos de la pirámide nutricional y no “demonizar” a un solo grupo, sino aumentar el consumo de los que sabemos que nos van ayudar (frutas, verduras, arroces y pastas en su versión integral, legumbres,…) y reducir los que sabemos que poco bueno nos pueden aportar (embutidos, dulces, azúcares simples, lácteos enteros,…).

Y sobre todo, moverse, moverse mucho, que como bien dicen “quién mueve las piernas, mueve el corazón”

¡A cuidarse!

Bibliografía:

  • Nutrición y Dietética Clinica, 2ª Edición. Jordi Salas-Salvadó. Elsevier
  • Tratado de Nutrición. Angel Gil. Panamericana. 2013

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